Un guardián en el palacio
En el palacio de almenas delicadas una puerta de zafiro; en su umbral un guardián pertrechado de armadura, espada y un escudo con finos grabados de color verde esperanza. Sobre el portón de acceso un cartel de bronce, con letras hechas con perlas engastadas: «Aquí vive Felicidad» . Cierta mujer, consumida por la tristeza y maltratada por la vida, se acercó a la puerta formidable de aquella mansión, digna de reyes, con la intención de conocer a Felicidad. Quizá –pensó– allí hallaría al fin respuestas al laberinto de preguntas que la paralizaban día tras día en su profunda decepción. Pero el guardia de la entrada la recibió con palabras cargadas de veneno: «No eres digna de pisar las losas de mármol fino de este lugar... Soy más fuerte que tú, no podrás pasar; si intentas entrar corriendo descubrirás que en el interior te esperan otros cien soldados aún más fieros y temibles que yo...» Ese día, la mujer se dejó convencer por la voz estridente del soldado y volv...