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Aprender a morir

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¡Qué rápida va la vida! Pero ¿seguro que es así? ¿No seremos nosotros los que corremos demasiado? Echamos la culpa a la vida de su acelerado ritmo, pero no he visto correr las manecillas del reloj a distinta velocidad según para qué persona trabaje. Sí he observado a demasiadas personas correr por encima de sus posibilidades... y luego las culpas para otros: el trabajo, el tráfico, el reloj, las «urgencias», los compañeros, las prisas. Nos pasamos la vida entera aprendiendo a vivir, o al menos lo tratamos, y cuando nos toca abandonar este planeta nos damos cuenta de que olvidamos aprender a morir. Vida y muerte, cara y cruz de la existencia. ¿Por qué estudiamos siempre la cara y dejamos la cruz como si nunca nos fuese a tocar? Aprender a morir es tanto o más importante como aprender a vivir. Para vivir tenemos toda una vida, pero la muerte nos examina por sorpresa y nos suele pillar sin haber estudiado... y suspendemos. Dijo Séneca que: «Vivir es morirse día a día y nos e...

No es sinceridad todo lo que reluce

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«Soy tan sincero que hago daño con solo abrir la boca» ... ¿Conoces a alguien así? Creo que todos conocemos a alguien así... e incluso podría darse el caso de que te describiera a ti mismo. Pero ¿eso es sinceridad?, ¿en serio? Ser sincero es una virtud, pero a veces no entendemos en qué consiste. Muchas personas piensan que se trata de decir la verdad a la cara, toda la verdad y más aún. Pero el diccionario define la sinceridad como: «Sencillez, veracidad, modo de expresarse o de comportarse libre de fingimiento». De tal modo la sinceridad se acerca más a huir de la hipocresía y de esas caretas que muestran lo que no somos en realidad. Nos debe llevar a hablar verdad, sí, pero no a cualquier precio. Quizá, más que hablar mucho nos invita a ser genuinos, coherentes con lo que pensamos. Por ejemplo, no vayas a criticar a tu vecino por beber demasiado mientras tú tienes los muebles de tu casa repletos de botellas que se vacían a un ritmo constante (o exagerado). Ser sincero con uno mismo...

Ceguera selectiva

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La vida no siempre se porta con nosotros como esperamos. Ten en cuenta que ella es como un ente que mezcla su "vida propia" (las circunstancias, que suelen escapar de nuestro control) con las particulares formas de afrontarla de cada uno de nosotros. De modo que no te centres en las cosas que se escapan de tu control: No puedes cambiar el clima, ni el correr del tiempo, ni el país en que naciste, ni la educación que recibiste (con mejores o peores ideales)... y en general, apenas puedes influir en los sentimientos de unas pocas personas. Eso quiere decir que no merece la pena perder energías en lamentarte por lo que no te sale bien, o porque no te traten como crees merecer, o porque el pasado pese demasiado en tu presente. En lugar de ello mira bien a tu alrededor y reflexiona, no vaya a resultar que seas tú mismo, o tú misma, quien esté cerrando (o ignorando) las puertas que te pueden ofrecer oportunidades para mejorar. Lamentarte no te sirve de nada, apre...