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Aprender a morir

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¡Qué rápida va la vida! Pero ¿seguro que es así? ¿No seremos nosotros los que corremos demasiado? Echamos la culpa a la vida de su acelerado ritmo, pero no he visto correr las manecillas del reloj a distinta velocidad según para qué persona trabaje. Sí he observado a demasiadas personas correr por encima de sus posibilidades... y luego las culpas para otros: el trabajo, el tráfico, el reloj, las «urgencias», los compañeros, las prisas. Nos pasamos la vida entera aprendiendo a vivir, o al menos lo tratamos, y cuando nos toca abandonar este planeta nos damos cuenta de que olvidamos aprender a morir. Vida y muerte, cara y cruz de la existencia. ¿Por qué estudiamos siempre la cara y dejamos la cruz como si nunca nos fuese a tocar? Aprender a morir es tanto o más importante como aprender a vivir. Para vivir tenemos toda una vida, pero la muerte nos examina por sorpresa y nos suele pillar sin haber estudiado... y suspendemos. Dijo Séneca que: «Vivir es morirse día a día y nos e...

Sobre la tolerancia

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A lo largo de la vida todos aprendemos, sin excepción; unos (o unas) más que otros. Eso nos lleva a marcar nuestras preferencias, nuestras metas y exigencias, nuestro carácter... Pero hay un problema: ¿Quién nos puede asegurar que hemos aprendido de una fuente fiable? ¿Nunca te planteaste que quien te enseñó podría tener un punto de vista erróneo? Esta pregunta no requiere respuesta, sino reflexión . Se trata de que, en esta época en la que la tolerancia es una palabra que siempre sale a relucir, te des cuenta de esto: La tolerancia no se puede exigir , porque eso sería una muestra de intransigencia (lo contrario). No sé qué opinas tú al respecto, pero me parece poco ético pedir a los demás que te ofrezcan lo que tú mismo no eres capaz de dar. Sin embargo, existen demasiados asuntos que están a la orden del día y dan problemas justo por eso, porque ni todos están dispuestos a tolerar la libertad de los demás, ni tampoco los que piden ser tolerados toleran a aquellos qu...

Gabriel y el rosal

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El niño pequeño se acercó al rosal del jardín. Su madre estaba trabajando fuera de casa y su padre, que lo acompañaba, andaba un tanto despreocupado leyendo las noticias deportivas en su portátil. Al pequeño se le ocurrió arrancar una rosa para regalársela a su madre, y en cuanto la tomó por el tallo una de sus espinas se clavó sin misericordia en su tierna carne. Dio un salto como si se hubiese transformado en canguro —los sustos nos otorgan superpoderes en ocasiones—, miró su dedo y el espanto del color rojo que encontró le hizo correr en busca de ayuda. Se lanzó como un obús sobre su padre. Este no tardó en descubrir el problema, porque el niño venía gritando: «¡Tengo sangre, papá, tengo sangre!», mientras mostraba en alto su mano. Una gota dibujaba un mínimo rastro al resbalar por su dedo, mientras una decena de ellas, incoloras, caían desde sus ojos vidriosos. El padre usó sus poderes mágicos; envolvió con delicadeza el pequeño pulgar con sus labios, e hizo desaparecer la s...

Ceguera selectiva

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La vida no siempre se porta con nosotros como esperamos. Ten en cuenta que ella es como un ente que mezcla su "vida propia" (las circunstancias, que suelen escapar de nuestro control) con las particulares formas de afrontarla de cada uno de nosotros. De modo que no te centres en las cosas que se escapan de tu control: No puedes cambiar el clima, ni el correr del tiempo, ni el país en que naciste, ni la educación que recibiste (con mejores o peores ideales)... y en general, apenas puedes influir en los sentimientos de unas pocas personas. Eso quiere decir que no merece la pena perder energías en lamentarte por lo que no te sale bien, o porque no te traten como crees merecer, o porque el pasado pese demasiado en tu presente. En lugar de ello mira bien a tu alrededor y reflexiona, no vaya a resultar que seas tú mismo, o tú misma, quien esté cerrando (o ignorando) las puertas que te pueden ofrecer oportunidades para mejorar. Lamentarte no te sirve de nada, apre...